Luna.

by - mayo 05, 2017

Sonreí mirando hacia arriba, porque hacerlo mirando hacia abajo no sirve para nada más que para terminar vomitando todo el alcohol que no has digerido. Subía las palmas de las manos, queriendo tocar el cielo pero bastante lejos de conseguirlo, y movía la cabeza de un lado a otro, tanto, que si lo recuerdo mientras escribo estas líneas me empiezo a marear, y puede que sonría hacia abajo para echarlo todo y no dejarme nada dentro. Me crují el cuello varias veces y me limpié los dientes con la lengua, como si fuesen a blanquearse más, no lo sé, iba demasiado borracha como para hacer cosas coherentes, bueno, mejor dicho, iba demasiado borracha como para acordarme de que hice cualquier cosa. Así era el nivel de la noche cuando conocí a P., ni me acuerdo de su nombre, sólo sé que le llamé varias veces así mientras follábamos en el baño y yo tenía que hacer lo propio y gritar algo parecido a su nombre.

Recuerdo que P. tenía los ojos demasiado oscuros como para diferenciar su color con la mierda de luz que ponen en las discotecas, y la sonrisa muy blanca y retorcida. Me hizo gracia su olor, con un parecido preocupante al de mi último ex, pero lo pasé por alto porque no todo el mundo es perfecto, y esa colonia es infinitamente más barata que cualquier otra. Se arrimó a mí mientras tenía los brazos totalmente estirados hacia arriba, por lo que pensó que hacerme cosquillas era una buena manera de ligar conmigo. Creo que el bofetón le dolió a sus antepasados, y hasta al perro del vecino que tantas veces ladraría al vernos llegar entre risas aquella noche. Es que, vamos a ver, no sé a quién coño se le ocurre hacerle cosquillas a una desconocida, por muy bueno que estés, un mínimo de cerebro siempre pido, aunque sea saber lo que es una sinalefa, cojones. Después del guantazo sólo recuerdo gemidos, besos y la hamburguesa a las seis de la mañana en una de estas cadenas de mierda. 

Me hace gracia escribir y recordar que cuando él se levantó yo ya no estaba, seguramente que ya subida en el avión, me encontraría saliendo del país que nos unía, dejándole mis bragas firmadas en la mesilla de noche. Sin móviles, sin pistas, sólo aquella ropa interior de talla M, con un garabato parecido a: recuérdame si puedes, y una L. enorme con flores malamente dibujadas, para que él se acordara de la primera letra de mi nombre, y no se la inventara como había hecho yo con la suya.


@wguail

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6 comentarios

  1. Madre mía, es súper intenso, puedo sentir el mareo y el alcohol...

    Me ha encantado, hubiese podido estar leyéndolo durante horas.

    A.

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  2. Luna. Tiene nombre de brillar fuerte y ser muy grande. Y, no me preguntes por qué, cuando estaba leyendo tus palabras me salía por imaginármela con tu rostro bello. Porque tú también brillas mucho, todas las noches.

    Ojalá más,


    Viv

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  3. Qué bonitas y qué fuerza desprenden siempre todas tus mujeres <3

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  4. Wow.
    Amé la frase con la que comenzaste el texto, igual que todo lo demás.

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  5. Creo que me he enamorado del final tan original del relato. De verdad, chica, me fascina la intensidad con la que escribes estas escenas. Es que se puede sentir todo aunque estés simplemente leyendo una pantalla. Mis dieces para ti, mi W. bonita <3

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  6. Sienta bien estar de vuelta, pero sienta mejor volver a leerte. Lo siento, me salto la entrada cumpleañera y te escribo por aquí porque, W. echaba de menos leerte tan cruda y tan roja como solo tú has sabido hacer siempre. Y gracias.

    Ojalá nunca te falten letras, ojalá nunca te falte vida para escribir y llenarnos a los demás de tantas sensaciones como líneas vomitas al sonreír hacia abajo.

    No puedo no verte como Rock and Roll en vena y labios rojos, pArisina. Y me hace enormemente feliz que eso nunca cambie.

    Un abrazo de los que curan,
    de los que calman,
    de los que,
    S.

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