DIARIO || Poeta lleno de flores y nostalgia.

by - marzo 29, 2017

¡Hola, hola! Ya estoy aquí de nuevo, os traigo una entrada muy, muy, muy especial para mí, así que espero que os guste, y que disfrutéis de las canciones que os traigo y de todos los poemas que se me clavan dentro, dentro, dentro.
¡Empezamos!

¿Nunca os habéis sentido parte de unas letras que no se escribieron pensando, ni mucho menos, en ti? ¿Nunca habéis sentido que alguien contaba vuestra historia, que lo que dejaba plasmado aquel poeta en el papel es parte de toda tu vida? Que es parte de tus lágrimas de alegría, que es parte de los recuerdos más puros. Que ha sido y será todos os viajes en coche con la sonrisa rumiando las entrañas. Que ha sido tu familia, tus idas, venidas, tus escondrijos en el mundo. Que ha sido parte de todo lo que conoces, de cada risa echada al cielo, de cada paz que te inundaba hasta hacerte sentir libre de cualquier guerra. 

Miguel Hernández es mucho más que un poeta, es mucho más que alguien que vivió en la época más oscura de este país y, por desgracia, no logró sobrevivir. Es un poeta que, después de tanto tiempo, sigue dándome las lágrimas de nostalgia que a veces ninguno consigue darme. Miguel Hernández es mi amor por la historia, mi amor por los míos y por las sonrisas que me abrazan cuando nadie más lo hace. Y fue por todo esto por lo que me animé a traeros un poco de él:
Miguel Hernández Gilabert nació el 30 de octubre de 1910, y murió el 28 de marzo de 1942. No quiero contaros mucho más ya que toda esta información la tenéis en cualquier sitio, pero me parece importante que se sepan las fechas en las que vivió. Fue un poeta y dramaturgo español que al estallar la Guerra Civil se alistó en el Bando Republicano, y en 1936 se afilió al Partido Comunista. Con el final de la guerra, en 1939, será encarcelado. Cuando estaba en prisión escribió uno de los poemas del que os hablaré a continuación: Nanas de la cebolla -cantado por Serrat.- En 1939 será puesto en libertad de manera inesperada, aunque no tardará en ser arrestado de nuevo. Será trasladado a diferentes cárceles, donde se le diagnosticará una tuberculosis pulmonar. Morirá a los treinta y seis años de edad.
A pesar de morir joven, escribió un montón de versos, de los que os traigo los que más me calan y los que representan un momento importante en mi vida.


Esta es una de las canciones, uno de los poemas que más pena me da y que más nostalgia me inyecta dentro del cuerpo. Es escucharlo y acordarme de la Historia de España, de la historia de nuestras vidas, de la realidad que me ha seguido hasta ahora. Me recuerda a escondites que no he querido enseñar, a momentos que siguen sin curarse, a heridas que, como en este país, siguen sin cerrarse.


Fue uno de los primeros poemas que me aprendí de memoria, cuando era apenas una pequeñaja de ocho-diez años. Lo cantaba como Serrat aunque a veces lo recitaba a escondidas, de hecho, hubo una vez que se la enseñé a mis compañeros, y me dijeron que era una canción fea, con una letra que no les gustaba. Ahora supe que en realidad nunca han entendido esta letra y el dolor que refleja. Otra anécdota que puedo contar de esta canción es que, en mi colegio, nos hacían de cuando en cuando cuestionarios sobre nuestros gustos: dibujos, música o canción favorita, y yo puse Nanas de la cebolla en mi canción favorita. Nunca he estado más orgullosa de mí.

Vientos del pueblo me llevan
Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

Guerra
Todas las madres del mundo,
ocultan el vientre, tiemblan,
y quisieran retirarse,
a virginidades ciegas,
el origen solitario
y el pasado sin herencia.
Pálida, sobrecogida
la fecundidad se queda.
El mar tiene sed y tiene
sed de ser agua la tierra.
Alarga la llama el odio
y el amor cierra las puertas.
Voces como lanzas vibran,
voces como bayonetas.
Bocas como puños vienen,
puños como cascos llegan.
Pechos como muros roncos,
piernas como patas recias.
El corazón se revuelve,
se atorbellina, revienta.
Arroja contra los ojos
súbitas espumas negras.

La sangre enarbola el cuerpo,
precipita la cabeza
y busca un hueco, una herida
por donde lanzarse afuera.
La sangre recorre el mundo
enjaulada, insatisfecha.
Las flores se desvanecen
devoradas por la hierba.
Ansias de matar invaden
el fondo de la azucena.
Acoplarse con metales
todos los cuerpos anhelan:
desposarse, poseerse
de una terrible manera.

Desaparecer: el ansia
general, creciente, reina.
Un fantasma de estandartes,
una bandera quimérica,
un mito de patrias: una
grave ficción de fronteras.
Músicas exasperadas,
duras como botas, huellan
la faz de las esperanzas
y de las entrañas tiernas.
Crepita el alma, la ira.
El llanto relampaguea.
¿Para qué quiero la luz
si tropiezo con tinieblas?

Pasiones como clarines,
coplas, trompas que aconsejan
devorarse ser a ser,
destruirse, piedra a piedra.
Relinchos. Retumbos. Truenos.
Salivazos. Besos. Ruedas.
Espuelas. Espadas locas
abren una herida inmensa.

Después, el silencio, mudo
de algodón, blanco de vendas,
cárdeno de cirugía,
mutilado de tristeza.
El silencio. Y el laurel
en un rincón de osamentas.
Y un tambor enamorado,
como un vientre tenso, suena
detrás del innumerable
muerto que jamás se aleja.

Para la libertad
Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.


Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.


Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.


Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.


Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.



Y con estos enlaces termino la entrada de hoy. ¿A vosotros/as os gusta Miguel Hernández? ¿Tenéis algún poema preferido de él? Contadme, que tengo mucha curiosidad por ver lo que me traes en forma de comentarios esta vez. Espero que os haya gustado, y podéis dejarme también otros poemas bonitos u otros poetas/poetisas que os lleguen tan dentro como a mí me llega Miguel.
Gracias por comentar, estar, leer y compartir.

@wguail

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4 comentarios

  1. Jo, qué bonito el comienzo de la entrada y qué emotivo es sentir esa conexión tan fuerte con el poeta y sus poemas, ha sido un gustazo leerte, como siempre.
    Y me has despertado la curiosidad por leer a Miguel Hernández, ya que siempre me ha gustado la poesía pero nunca me he puesto en serio ni he ahondado en la española. Precisamente hoy tenía pensado empezar a leer «Poeta en Nueva York» de Lorca, que lo tengo por aquí.

    Un abrazo fuerte fuerte.

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  2. Para nada esperaba que tu conexión con Hernández fuera tan especial. Me has dejado con la piel de gallina.

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  3. Acabo de decírtelo en persona, pero me parece muy interesante que una niña decida que esa es su canción favorita. Está claro que desde pequeña apuntabas maneras y desprendías esa personalidad tuya tan característica (me habría encantado conocerte en esa época, que lo sepas)

    Siendo sincera, ya sabes que yo no tengo esa conexión con la poesía y con la historia que tienes tú, y sinceramente, me das envidia, porque te leo hablar sobre ello y se nota la pasión que sientes por ambos. Nunca pierdas eso, por favor, porque es un don increíble <3

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  4. Nunca me he encontrado en versos ajenos (tal vez por eso esta constante necesidad de escribir) pero verte latir con tanta fuerza por los versos de Miguel Hernández no hace más que darme más motivos para admirarte.

    Como dice Sara, me hubiera encantado conocerte en aquella época en la que nadie entendía la letra de tu canción favorita.

    Un abrazo de sal,
    S.

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