DIARIO 15 || Zaragoza.

by - noviembre 10, 2016

¡Hola, hola! Por fin os traigo la entrada de esta semana. Va a ser una entrada especial con muchas cositas varias y fotos principalmente, contándoos un poco mis días en Zaragoza. La verdad es que, a pesar de que nos lloviese el sábado durante todo el día, fue un fin de semana precioso con una de las personas más especiales y sinceras que tengo en mi vida.




Al llegar estábamos tan risueñas y a mí me dolía tanto la cara de sonreír que lo recuerdo demasiado rápido. Estábamos todas juntas, otra vez. Otra vez cantando hasta las tantas, con regalos de por medio, con comida precocinada, vegana, vegetariana, todo nuevo. Paredes vírgenes para ser estrenadas, cuadros a medio colgar, una vida que sientes que no se acaba, que se llena de momentos, de lugares, de sensaciones.
He creído estar en familia cuando no había ningún familiar dentro de esas cuatro paredes. He pasado miedo cuando me he despertado a las cuatro de la mañana pensando que alguien estaba allí, cuando en realidad sólo se escuchaban nuestras respiraciones acompasadas, adormiladas, alegres, expectantes.

El día siguiente fue gris, día de mantas, de películas, de contar historias para no dormir. Paseamos por las calles ennegrecidas por el cielo, y de verdad creí que se nos caía cuando nos empezó a llover en mitad de la nada. Pero, como sabéis, después de la tormenta siempre llega la calma. Entre el sol había nubes negras, entre lo viejo se respiraba lo nuevo. Lo que te abrazaba con fuerza y lo que te abraza ahora sin querer soltarte.


Las siestas se hicieron largas, y la pereza nos roía los pies cuando fuimos a ver el centro de la ciudad. Es preciosa, y esconde rincones que visitar, por los que perderse, lugares donde dejarse llevar por la cultura que destilan. Además, conocí por fin a N., y la abracé fuerte y nos reímos alto. La cerveza de los gusanos empapó el vaso alargado de aquel lugar tan agradable, y me sentí volar a pesar de estar sentada, en el suelo y con los pies fríos y la nariz helada. Reía, hablaba y cambiábamos de temas como si hubiese sido así desde siempre. Descubrimos lugares, conocimos a gente.

  

Las luces azules y nuestros ojos oscuros hacían juego con la lluvia que había caído, lo mojado que estaba el suelo y las risas que soltábamos al aire, que se confundía con el frío que arremetía con comernos los pies. Y para terminar, una de esas pizzas grandes a modo de cena, y una película a modo de recuerdo que expira. Cómo me acordé de un tú que ya no existe.

Y llegó el domingo menos domingo de todos los domingos habidos y por haber. Porque salió el sol, picaba en la cara y paseamos buscando tesoros escondidos. Y los encontramos: mercadillo de miles de cosas que no pude comprar, un poema para enmarcar y fotografía guardada cerca, cerca.

 

Además, hicimos muchas fotos llenas de colores. Había mil rincones decorados por la ciudad, y aunque el frío nos cortaba un poco la cara y las manos, nada en ese momento nos paró. Vimos una exposición de Mochicas en el Caixa de Zaragoza, además de otra exposición de Refugiados de la que, nuevamente, me tuve que salir por la dureza de sus historias, y otra de pintura italiana del Settecento.

  

Ay, eso de irse de los lugares que se hacen hogar a pesar de estar lejos del que suele ser el tuyo. Era de noche cuando nos fuimos de aquella nueva ciudad, de los abrazos de siempre, de todo lo que vino, viene y vendrá. Cuando volvía, mirando a la nada por la ventana del tren, me prometí que ojalá nunca dejen de crecer las flores, ojalá nunca dejen de crecer mis ganas, ojalá sentirme siempre como me siento cuando creo que nada puede ir mal, que el mundo es sólo nuestro.


Y hasta aquí la entrada. Ya sabéis que no me gusta contar tampoco todo lo que hice paso por paso, que es más por enseñaros las fotos, contaros un poco por encima lo que sentí y dejarme hacer con las letras. Espero que os guste, y de verdad que espero que le deis amor con los comentarios y compartiendo. Muchas, muchas gracias por leer, por estar ahí y por comentar, de verdad, dais muchas ganas y animáis a seguir con todo esto.

p.D: todas las fotos que hay en esta entrada son mías, así que si las utilizáis por lo que sea, se agradece mucho que pongáis la autora.
@wguail

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8 comentarios

  1. Qué bonito cuando hablas de rincones en los que he estado y además, contigo. Qué bonito cuando hablas de mí, del encuentro, del abrazo.
    Una de las cosas más bonitas que me llevo este año fue ese sábado lluvioso en el que te abracé fuerte. Me di cuenta de que todo era real, que las cartas eran reales, que la amistad era real. Ojalá tenerte más cerquita.

    Y me alegra un montón que te haya gustado mi ciudad, y que hayas sido feliz en ella. Eso siempre.

    (abrazo muy muy fuerte)

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  2. Me resulta bonito leerte así, W. Es como si nos contaras una anécdota, un recuerdo bello.
    Un abrazo fuerte.

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  3. Ojalá algún día vengas a Sevilla y puedas sentir lo mismo. Me encanta como te expresas porque escribiendo porque tus sentimientos se ven tan claros y puros....

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  4. Te como de lo bonita que eres contando las cosas, qué envidia me dan tus mini-viajes. ♥
    Las fotos tienen unos tonos azules PRECIOSOS, W.

    Me encantan estas entradas, aunque he de dejarte caer que echo de menos a alguno de tus personajes >////<

    Un abrazo, bonita.

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  5. Te mereces toda la felicidad que seas capaz de abarcar, te lo mereces y no me cansaré de decírtelo, jamás.
    El azul queda tan bonito entre tus letras que no me imagino a ningún color haciéndole competencia (sólo el rojo).

    Tiene razón Trece, echamos un poquito de menos a tus personajes, pero leerte así de feliz, de viva, de llena de flores a punto de florecer contagian a cualquiera de esperanza.

    Vive siempre así de bonito,
    W.

    Te,
    todoloqueyasabes,
    S.

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  6. Qué bonito cuando escapas hacia el color y el tiempo pasa inevitablemente más deprisa entre las risas de quien nos hace felices. Espero que tengas mil escapadas más así y las compartas con nosotros, es un placer leerte :)

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  7. Yo de mayor quiero ser como tú, y contarlo de ese modo. También quiero no vivir nunca en domingo y que me cures con historias. Y que te quedes a contarlas.

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