Mandalas.

by - mayo 31, 2017

Cuando cerré aquella puerta, casi de un portazo, apoyé mis manos en ella y comencé a llorar. Era una de las muchas etapas que la vida te trae, y yo le había dado la espalda. Me sorbía los mocos de cuando en cuando, y fingía estar bien para que nadie me preguntara por qué estaba mal. Pero yo seguía allí, apoyada en la puerta cerrada, esperando un milagro, una máquina del tiempo, otro beso fugaz, tu apretón de manos en el metro al despedirnos.

Y entonces fue cuando me senté de espaldas a la puerta -pero apoyada en ella porque no quería separarme ni lo más mínimo.-, y las vi. La luz salía de ellas con tanta fuerza que tuve que cerrar los ojos la primera vez. Fue después de unos largos minutos y con la mano a modo de visera, cuando pude mirar y ver todas las ventanas que se habían abierto. No sé si llevaban días, horas o segundos, pero estaban allí, esperándome. Miré hacia la derecha y después hacia la izquierda, pero no había nadie más, nadie más en mi vida excepto yo misma y todas las posibilidades. Fui a levantarme para mirar por ellas, pero noté la puerta a mi espalda y me paré en seco. Alargué la mano derecha sin darme la vuelta, y cerré los ojos mientras la dejaba posada sobre aquella entrada que ahora era salida.

Volví a llorar, porque entendí que quedarse en las puertas del pasado nos hace perder todas las oportunidades de las ventanas abiertas, nos deja estancados, en ese polvo de ayer grisáceo, en ese negro de no avanzar. Apreté las manos y me levanté de una vez antes de girarme y mirarla por última vez. Allí estaba, cerrada a cal y canto, con aquellos números, aquellos nombres, aquellos besos, risas, llantos. 
Volví a acariciarla con ternura, incluso intenté pellizcarla para ver si podía quitar un trozo de madera y quedármelo como recuerdo, pero no fui capaz porque volví a deshacerme en lágrimas y a hacerme en nostalgia. Apreté fuerte los ojos intentando no ver la luz, pero yo nunca quise ser oscuridad así que terminé por abrirlos y alejarme lentamente.

No recuerdo la ventana que escogí, sólo sé que me paré tres veces y giré para ver lo que dejaba detrás. Otras tantas en las que prometí no girarme y sí lo hice, y un par en las que simplemente, volví a echarme a llorar. Lo que sí recuerdo fue el salto en la ventana, el baño de luz y la única palabra que me salió antes de girar y ver por última lo que siempre creí que sería para siempre: gracias.


@wguail

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7 comentarios

  1. ¿Qué tiene que ver con mandalas? ¿Por qué todo es tan críptico?
    No está mal escribir para desahogarse, pero no parece que quieras abrirte del todo y abordar el problema real que te empuja a escribir. Se siente distante y a medio contar.

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  2. El segundo párrafo es de película. Pero literal. Me ha inspirado una ilustración y todo.
    Escribes tan bonito y eres tan bonita que PFFfff.

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  3. te he visto llorando realmente y qué tristeza más honda...

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  4. Mandala es el universo, la vida, lo bueno, lo malo, lo neutro, lo que existe y lo que no. Desde luego que tiene sentido.
    W. escribes como tú sabes y la diosa sabe que me encanta.
    Lo más difícil de cerrar una puerta es no volver a abrirla. Aguantar ese impulso aunque llores o patalees. Eso hace fuertes a las personas.
    Un abrazo.

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  5. Te diré algo, y es que este texto me ha resultado increiblemente esperanzador. Me encanta, de verdad. Describe muy bien ese miedo a alejarnos de lo que nos resulta conocido y a emprender nuevos caminos, un miedo muy propio de estas edades que vivimos, en las que no paran de abrirse y cerrarse etapas. Me encanta porque describe ese miedo pero al mismo tiempo transmite fuerza y determinación. Es muy tú <3

    Un beso gigante, bonita mía.

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  6. Siempre vamos a pasar por esas etapas, en las que pareciera el fin de todo, en la que pareciera que ya no tenemos nada. Pero realmente, eso es lo que nos hace fuertes, necesitamos pasar por eso porque sino la vida seria aburrida y seriamos unos débiles. La verdad que este texto me ha encantado.

    Un beso

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