Diario 12 || «Despertadoras.»

by - octubre 09, 2016

Después de mucho tiempo desaparecida, por fin os puedo traer una entrada que me ha hecho mucha ilusión escribir, acompañada del nuevo vestido del blog, hecho por @danslapeur, a la que le agradezco muchísimo que me lo hiciera, de verdad ¡ha quedado precioso!

Antes de ponerme con la entrada en sí misma quiero poneros en situación, quiero contaros el por qué. He empezado a leerme (despacito por todo lo que se me viene encima, pero sin pausa) el libro  «Solterona.» de KATE BOLICK. En él leí la cita que os voy a poner a continuación:

«Mis despertadoras, un término que tomé prestado de Wharton, quien lo usó en su autobiografía para describir los libros y pensadores que la guiaron en su formación intelectual. Claro que la mía fue una educación más sentimental.»


Esto me hizo pensar, me hizo rebuscar en mis recuerdos, en mi yo del pasado. Y entonces me hice la pregunta, ¿cuáles son mis despertadoras? No pensé en despertadores masculinos porque considero que tienen mucha más facilidad a la hora de serlo ya que vivimos en una sociedad donde los hombres históricamente han tenido más posibilidades en cuanto a la cultura y el arte se refiere. Por ello he querido hacerlo solamente de mujeres.


LAURA GALLEGO GARCÍA

Estaba claro. Fue la primera autora de la que leí libros tan gordos, y la que me hizo acercarme a todo el mundo de la fantasía, de las novelas y de las letras. Hay muchas opiniones sobre ella, totalmente respetables, y por supuesto que escribe para un público mucho más juvenil que mi yo actual, pero recordad que os hablo de cuando era muchísimo más joven, unos diez años menos. Memorias de Ihdún simbolizó para mí otra forma de leer, simbolizó que dejara los libros con dibujos, y me despertó unas ganas de crear enormes, más de las que ya tenía en ese momento. Me inyectó muchas ganas de ser escritora, y fue el impulso que necesitaba para crear.


BERNARDA Y SUS HIJAS
Es hacer un poco de trampa, lo sé, pero no quería hacer esta lista sin ellas. Sin la obra de Lorca que me caló tan hondo como poca gente sabe. Tuve la suerte de ir a ver una representación de esta obra, y fue impecablemente grandiosa. Me enseñaron a querer, a sentir, y, sobre todo, que no todo lo clásico tiene por qué ser aburrido. Yo apenas leía más allá de Antonio Machado porque desde siempre me habían enseñado cosas aburridas, carentes de sentido para mí. No intentaron introducirse en mis gustos cuando me obligaban a leer un libro, y aunque siempre leía muchísimo, cuando somos más pequeñajos nos suelen chirriar algunas cosas. Pues llegó Lorca y me desarmó, con sus mujeres fuertes, decididas, locas por, dejadas, insistentes. Por la fuerza de Bernarda, por la sed de libertad de cada una de ellas. Por la sed de amor. Me hizo ver muchas cosas que había detrás de la muerte de un ser querido, y aunque yo a esas alturas ya estaba familiarizado con ese dolor, me acercó a otra forma de sentir la pérdida, a otra forma de sentirse atada y enjaulada por las lágrimas.


HATSHEPSUT
Y empezó la historia. Fue como un golpe seco en la cabeza que hizo que se me plantaran unas pocas semillas de feminismo en el alma. Fue con Hatshepsut, la mujer con el nombre más raro que he aprendido y seguramente que aprenderé a escribir correctamente. Un soplo de aire fresco a todo lo que entendía de Egipto, con ella me dieron ganas de querer y saber que podría. Me empecé a interesar todavía más por la Historia Antigua (de pequeña tenía un libro sobre Egipto que leía y releía sin parar, y hablo de cuando tenía menos de diez años.) Me impresionó tantísimo que busqué sobre ella, me informé, me empapé y me dije que gracias a la Historia por hacerme ver personas así, por hacerme ver mujeres importantes que esconden a otras mujeres que aunque no salen en los libros, de alguna forma, cambiaron la historia.



CLEOPATRA
Cómo no hablar de Cleopatra. La conocía de lo que la conocemos todos, ¿no? Astérix y Obélix, de lo guapa que era, los muchos maridos que había tenido y lo que le gustaba folletear. Bien, menos mal que por algún casual decidí no creer en toda la mierda machista que se la comía desde los pies hasta la cabeza, y en segundo de carrera pude hacer un trabajo sobre ella. Menos mal, porque me di cuenta de tantas cosas, que se ha convertido en otra despertadora importante.
Ella, la que fue mujer en un mundo de hombres. Mujer valiente, inteligente, nada agraciada pero con el don de la palabra. Te hacía temblar, seguro, es que estoy segura de que si estuviese aquí podría quedarme embobada mientras habla, sin querer dejar de escucharla, mientras me cuenta cómo hacer una economía exterior brutal, cómo poder desenvolverse entre guerras, miserias y hombres con demasiado poder. Estuvo con su hermano Ptolomeo XIII, posteriormente con Cayo Julio César y por último con Marco Antonio. Murió cuando tenía aproximadamente treinta y nueve años. Muchos dicen que se suicidó con un áspid, pero leyendo sobre el tema me enteré de que el veneno de un áspid no mata a un humano, por lo que se suicidaría de otra manera. Lo que sí que queda claro es que NO lo hizo por el dolor de la pérdida de Marco Antonio, el orgullo porque Octavio no la expusiera ante Roma, donde tenía bastantes enemigos, seguramente que fue mucho más duro que el hecho de que se muriese Marco Antonio, por lo que terminó por suicidarse antes de que nadie la utilizara y la dejara en ridículo.
Más allá de todo esto, lo que me enseñó Cleopatra fueron los ojos machistas con los que se escribe la historia, la manera de ningunear a mujeres poderosas, dando a entender que murió por amor, que fue una fresca y que su belleza era envidiada. No, amigos y amigas, Cleopatra era fea, pero su inteligencia la hacía un persona admirable y preciosa, así como una mujer que se acostaba con quien quería y con quien sabía que le daría poder, suicidándose para que no le quitaran su orgullo y su cuerpo, no por un amor romántico que en la Edad Antigua ni se contemplaba.



OLYMPE DE GOUGES.
¡Y boom, feminismo! Me dolió muchísimo no saber quién era, de verdad. Me dolió en el alma no saber ni su nombre, ni su aspecto, ni la época en la que vivió esta despertadora. Ella, la que escribió, como veis, la Declaración de los derechos de la Mujer y de la Ciudadana. Incluso las revoluciones, como la francesa, fueron machistas. Ella sacó a la luz esta declaración en 1791, dos años más tarde de la Declaración de los derechos del Hombre y del Ciudadano, en 1789. Obviamente, ellos habían conseguido su objetivo, pero no contaban con que las mujeres también lograran el suyo. Hay que tener en cuenta que estamos hablando del s. XVIII, lo que implica que fue bastante normal esa forma de ver a las mujeres que tenían los revolucionarios franceses, y la forma no tan normal que tenía Olympe de verse a sí misma, como mujer que puede tener derechos. Una adelantada a su tiempo, una despertadora que me encantó conocer y a la que admiraré toda mi vida. Fue una clara monárquica y defensora de Luis XVI, criticando duramente a Robespierre, autor de la conocida Época del Terror que se instaló en Francia en estas fechas, ya que no dejaban de rodar cabezas de sospechosos. Ambos se llevaban realmente mal, ya que ella sacó la luz varios panfletos contra éste, y bueno, su final estaba escrito. En 1973 fue guillotinada, y poco después su único hijo la renegó.
Una de las tantas mujeres luchadoras que la historia se ha preocupado de enterrar sin nombre, voz, ni voto.



CAITLIN MORAN

Feminismo hasta el fondo, y de ahí que no nos pare nadie. Caitlin Moran fue el descubrimiento para mí, como aprendiz feminista que soy y seguiré siendo hasta dentro de unos años, ella fue la que me abrió los ojos de una manera brusca, con acidez y humor de ese que deja resaca de lo mucho que te gusta seguir bebiéndolo. Su libro Cómo ser mujer me pareció una delicia, un libro que me leería una vez al año todos los años de mi vida, de verdad. Te hace ver cosas en las que no me había fijado, te hace sentir impotente a la vez que fuerte por saber la verdad, te hace querer ver más, te hace sentir que puedes con todo, que hay que luchar, dejarse la voz por gritar justicia, igualdad, feminismo. Me hizo querer meterme de lleno en este tema, en estos ideales que ahora me definen en gran parte. Me hizo querer leer más, empaparme de todo lo que sufrimos, de todo lo que podemos evitar, de lo que hacen los gobiernos por nosotras, de lo que no hacen, de lo que quitan, ponen, prometen y mienten. ¿Os acordáis de las semillas que plantó Hatshepsut del feminismo? Cleopatra las regó, Olympe las cuidó, y Caitlin hizo que florecieran. Es así, y estoy orgullosa de que sean dos personajes femeninos de historia y una periodista quienes me dieran el empujón para hacerme valer ante una sociedad patriarcal.
Este libro me hizo verme más mujer, más entera y más yo. 



ANA IRIARTE
Y la última despertadora, pero no por ello menos importante. Una historiadora, de esas que están en todos los fregaos sobre la Historia de la Mujer. Cuando la leo es como encontrarme con una vieja amiga, con una profesora que me enseña, calmada, lo que sabe, lo que intuye y lo que investiga. Me leí un libro suyo del que hice una reseña para clase, y ahora con mi Trabajo de Fin de Grado me está ayudando como la que más con todas las investigaciones, que hizo, hace y espero que haga. No la conozco en persona, pero ojalá verla algún día en un Congreso, poder oírla y sentir como sienten las mujeres que estudian historia de mujeres, que investigan sobre las mujeres, que sienten como las mujeres de la Antigüedad. 
Es la última despertadora porque es la que me está ayudando ahora, la que me está ayudando a dar pasitos entre la Historia Antigua desde el punto de vista femenino, con el objetivo de verlas a ellas como eran, no como las veían los hombres.



Y hasta aquí la entrada. De verdad que espero que os guste, yo he disfrutado muchísimo escribiendo esto, sintiéndome preciosamente bien al darme cuenta de las siete despertadoras que tengo sobre la espalda, aunque de verdad espero que haya muchísimas, muchísimas más. Gracias por leer, los comentarios en este tipo de entradas me gustan muchísimo porque son entradas para debatir, para que me contéis, para que os empapéis y me digáis, ¿y vosotros/as qué despertadoras/es tenéis? Contadme lo que sea y como sea, que estaré encantada de leeros. Y si alguien por lo que sea quiere hacer una entrada del estilo, que avise, por favor, que me encantaría leerla.
Gracias por comentar, estar y compartir. Espero que la ausencia en el blog haya valido la pena.

@wguail

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11 comentarios

  1. Laura Gallego llegó a mí más tarde de lo que estaba "recomendado". Rescaté el primero de Memorias de Idhun y me adentré en su maravilloso mundo. ¡Menos mal!
    También leía La casa de Bernarda Alba e incluso fui al teatro a ver la obra y tengo que decir que es una auténtica maravilla. Está llena de sentimiento y es algo maravilloso, de verdad.
    Respecto a lo demás, sabes que soy fanática de Egipto y tú me descubriste a Hatshepsut.
    Respecto a los libros de Caitlin Moran, todavía los tengo pendientes, aunque no es para nada mi estilo..

    (un abrazo de elefante)

    -no me agradezcas el diseño, te lo tendría que agradecer yo a ti-

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  2. Ay, me ha encantado la entrada, me parece super original e incluso necesaria.
    Laura Gallego también lo fue para mí cuando era pequeña, creo que es una autora que ha marcado a una generación. Caitlin Moran también es una autora que estoy descubriendo ahora y ella me está descubriendo un montón de cosas, estoy deseando leer más de ella. ¿Has leído «Cómo se hace una chica»?
    Todas tenemos despertadoras y qué bien que hayas compartido las tuyas.
    Un abrazo fuerte, W.

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  3. Wow W, se nota un montón que vienes pisando fuerte jaja ay, cada vez que hablas de Cleopatra haces despertar algo, es que se siente la fuerza con que la admiras, desde siempre has sido una feminista declarada y me encanta cuando hablas de feminismo. Sé que no es escritora pero supongo que la conocerás, a la humorista Patricia Sornosa, me gustaría saber tu opinión sobre ella. Doy por hecho que la conoces porque ha salido varias veces en Late Motiv.

    ¡Abrazo!

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    1. Si te soy sincera no la conocía, pero gracias a ti voy a informarme sobre ella porque la he buscado por internet y tiene pinta de ser una mujer que merezca la pena conocer más a fondo.
      ¡muchas gracias por comentar y descubrirme a otra mujer fuerte!

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  4. Creo que no tengo despertadoras, pero tampoco despertadores. Creo que nunca he leído a nadie que me haya hecho darme cuenta de quién, de qué quiero llegar a ser.
    He tenido vida, si eso vale para algo. He tenido situaciones, temporales o no, que me han hecho florecer de cara al sol o dándole la espalda.
    Nunca, nadie, con su arte (literatura, pintura, música...) me ha hecho despertar, lo ha hecho la vida misma.
    No sé si es bueno o malo, tampoco importa.

    Un abrazo,
    S.

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  5. Yo diría que no tengo despertadores, ni despertadoras. Me han hecho despertar las personas que me han acompañado a lo largo de estos años. El arte en todas formas ha sido un complemento.

    Me has hecho recordar que no he leído Memorias de Idhún. Todo el mundo hablaba de ello hace unos años y, tanto oírlo por todas partes, lo rechazaba por completo. Años después quise darle una oportunidad, pero supongo que llegué tarde, porque ya no me llamaba la atención.

    Has vuelto pisando fuerte, y eso me encanta. Qué ganas de leerte más por aquí.

    (abrazo de oso)

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    1. La mayoría de los despertadores de mi día a día han sido mis personas de alrededor, por supuesto. Pero he querido acercaros personas que me han despertado en un lado más científico, más cultural. Mi familia, mis amigos y la gente que se ha ido, han sido mis principales despertadores, de eso que nadie dude ni un poquito <3

      Gracias por comentar,
      un abrazo grande.

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  6. Esta entrada me hace pensar en ti haciendo un doctorado sobre la mujer en la Historia. Quizá centrándote en alguna época en particular (Historia antigua, por nombrar alguna, y porque la nombras tú) y me sale una sonrisilla al pensar en la que sería tu defensa de tesis.

    Me gustaría saber bastante más sobre Hatshepsut, no sé porqué. ¿Una entrada sobre ella, si no la tienes ya? :)

    Rugidos,
    León

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  7. Has conseguido que me enamore un poquito más de Iriarte y que tenga aún más ganas de leer cosas suyas. Me parece una entrada increíble y además necesaria. Tus despertadoras son todas mujeres muy interesantes y que han hecho cosas muy grades, no sé si las mías sabrán estar a la altura, pero para poder leer sobre ellas vas a tener que esperar a que te llegue un sobre a casa :)

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  8. Qué suerte tienes de poder tener tantas despertadoras. Yo, siempre he vivido entre hombre y al paso que voy así seguirá. Desde que murió mi madre nunca he tenido una mujer en casa y ahora que vivo independizada con mi pareja, la mujer soy yo. En temas literarios mis despertadores o mejor dicho, mi despertador, fue Carlos Ruiz Zafón. Él me mostró la literatura desde su lado más oscuro y frío y me enamoré, desde entonces solo escribo cosas tristes y oscuras. He leído también a muchas autoras, muchísimas, pero ninguna llegaba a mí de la misma forma de Zafón, al fin y al cabo, soy un ser muy frío y las palabras cálidas de las autoras femeninas no me calan. Peeeero si tengo una despertadora, la cual no recuerdo su nombre que me hizo quererme a mí misma y no dejarme ningunear por los hombres. Ella escribió un libro llamado La Perfecta Cabrona, y luego otro La Perfecta Cabrona y los Hombres. Ella me abrió mucho los ojos y creo que fue la que plantó una pequeña semilla de feminismo en mi interior. Sinceramente creo que las que me han seguido despertando habéis sido vosotras, las chicas a las que sigo por Twitter. Sois fuertes y luchadoras y os amo por cómo sois y lo que transmitís.

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  9. Me ha encantado la entrada. Cuántas despertadoras, tan variadas todas ellas. Me hace tener que apuntarme a Moran, porque todo dios la recomienda y aún no me he acercado a ella.

    En mi caso, mi gran despertadora de muchas cosas es y será una gran amiga. Llevamos juntas muchísimos años, nos vemos muy poquito porque estamos ambas lejos, pero cuando nos vemos me hace crecer del tirón varios centímetros en una mañana o una tarde. Me has hecho echarla aún más de menos de lo que lo hago de normal, ay.

    Besos.

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