Cuando Bebe me cuenta historias y empieza febrero.

by - febrero 01, 2016

Bebe me cuenta por las noches que hay luz al fondo siempre, pero hay ocasiones en que no la creo ni un poco: hace tanto frío en esta oscuridad creada por mis ojos ciegos de vida. La bombilla de encima de mi cabeza se ha fundido y no tengo a nadie que me la arregle, yo hace tiempo que dejé de ser una manitas. Me agarro las manos con fuerza, los nudillos blancos de apretar, los labios ensangrentados por las veces que me los habré mordido. 
¿Dónde estabas cuando te llamaba? Creía gritarte, aunque resultaba que nunca te lo dije, ni siquiera lo susurré. Me lo guardé tan dentro que las espinas crecieron y las ulceras de tristeza me aprisionaron las entrañas. Tenía los ojos oscuros y la mirada fija en algún punto de la habitación cuando escuché el sonido del subir de las persianas. No eran tus manos las que me acunaron esa vez, y por eso apenas pude entrar en calor a pesar del sol que entraba desde la ventana.
Suspiraba. Respiraba por inercia. Cerraba los ojos y solía quedarme dormida, fuese donde fuese. Sentía latir a mi corazón, él me sentía llorar a mí. Y este círculo de estupideces innatas cuando una cree morir de amor se prorrogaron en el tiempo.
Hasta que sale sol dentro de tu propia ventana. Dentro de tus ojos, de tu risa. Y te das cuenta de que la bombilla no es la luz, eres tú. Por eso la agarras fuerte de encima de tu cabeza y la estampas contra la pared. Hay miles de cristales en el suelo, pero bailas aunque te cortes los pies. Ya nada duele, ni los cortes en las manos, ni los padrastros mordidos, ni los labios rotos. Porque no eres tú quien sangra, sólo partes superficiales de tu cuerpo.
Y gritas. Pero a ti, para ti, por ti. Y saltas en la cama, y te levantas de ella. Y subes las escaleras de dos en dos. Y gritas, y ríes, y bailas bajo la lluvia. Y sobre cristales, escalas montañas, te caes en piedras llamadas problemas de la vida. Pero te levantas sin rasguños, entera, perfecta en tu imperfección humana, asquerosamente humana, pero entera. Y sabes que nadie puede hacerte daño.
Planeas, vuelas, brincas, saltas sobre los charcos mojándote las medias. Te pones faldas, te gustan tus piernas cuando realmente nunca lo hicieron. Y te paras en escaparates, compras libros por corazonadas. Te sientas en bancos sola para ver pasar el día, para ver cómo se esconde el sol a la vez que tú sales de tu escondite.
Y el calor de otros brazos. No los suyos, otros, y los tuyos. Y salir ardiendo al ver que sólo necesitas creer que eres capaz para serlo. 

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5 comentarios

  1. Este texto es precioso. Me he sentido identificada en algunos puntos y eso hace que me ponga triste, pero es normal.
    No me cansaré nunca de decir que me encanta este nuevo rincón y que me encanta que publiques tantas cosas.

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  2. Qué bonita revolución contra ti misma y la escarcha. y ojalá siga as´y no se olvide de que la luz es ella (tú) y lo más bonito que hay en tu vida.

    Bebe me encanta. ♥♥

    Abrazos de número impar.

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  3. Me has llenado de energía y, a las tres de la mañana, no es el momento.

    Aún así, ha sido una experiencia tan positiva que hasta agradezco que me quite el sueño. <3

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  4. Un universo intenso, un grito para dentro.Un placer que te compartas.

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  5. Ahora que he regresado tenía que empezar a leerte sí o sí. ¡No pienso perderme ni una de tus entradas!

    (sonrisa de elefante)

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